FiscalBlog

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Escribo un domingo de marzo lleno de melancolía. El frío y la lluvia ya se han ido, los campos aledaños a Sitges están de un verde intenso inimaginable y hasta han aparecido unas florecillas blancas silvestres que, en todos los años que llevo aquí, nunca había visto. La calandria y el ruiseñor andan cerca y los seres queridos, en cambio, lejos.

El pasado viernes fue la octava efeméride del que, creo, es el blog decano en derecho tributario español: www.fiscalblog.es.

Poco tiempo antes de su nacimiento, Emilio (@PerezPombo) y yo tuvimos uno de nuestros periódicos ágapes. Habíamos coincidido, por espacio de un año, en un despacho cuyo nombre no vale la pena recordar, con otros grandes profesionales y amigos, como Sergio Giralt, Carles (@CarlesCalafell) y otros que no olvido; y desde entonces éramos, a fuer de forofos del RCD Español, buenos amigos.

Emilio me enseñó su blog profesional. Mi incapacidad informática es por todos conocida, pero la idea me pareció sugerente y, siguiendo la máxima einsteniana, di rienda suelta a mi peculiar curiosidad y buceé por ese nuevo instrumento de comunicación electrónica.

Interesante, pensé. Pero, reflexionando, Emilio y yo llegamos a la conclusión de que las marcas personales eran de poca utilidad -con contadas y grandes excepciones, todo hay que decirlo- en nuestro ámbito profesional. El consultante telemático esporádico -no profesional- difícilmente acabará siendo un cliente. Más bien busca información rápida a coste cero para solucionar sus cuitas. Todo lo más, puede ser un caradura -hay miles- que pretende que le contestes a una consulta profesional a coste cero.

El camino, pues, no era hacer clientes sino generar debate técnico-tributario. Así nació FiscalBlog, como espacio de comunicación de inquietudes tributarias comunes, con dos autores “formales” sin más voluntad que transmitir nuestras cuitas diarias, enseñar, aprender, generar discusiones y que muchos otros se unieran a la causa.

En todos estos años nos ha pasado de casi todo, aunque nuestras pocas reglas han funcionado a la perfección para no discutir jamás. Que ya es mucho. Ha habido épocas en las que hemos tenido más de mil lectores al día y otras en las que han sido unos cientos. Hemos sufrido el insulto en silencio, gracias a un bloqueo previo de los comentarios, y no nos hemos ganado un puñetero duro en esto. La vida se nos ha complicado, así que yo me limito a transcribir algunas de mis entrevistas y mis “Cuando me paro a contemplar” y Emilio escribe cuando sus múltiples obligaciones se lo permiten.

Si algo he aprendido de los blogs es que pueden resultar útiles. No estamos en la era de la información, sino de la comunicación y, ciertamente, es difícil encontrar opiniones no sesgadas, serenas, razonadas y técnicamente trabajadas. Hay mucha morralla en la red, es cierto. Pero en el otro lado de la balanza, cuando quitamos toda la mala hierba, internet me ha hecho llegar a personas de tamaño humano y profesional tan grande como Javier (@JavierGTaboada) y Leo (@Leogance), quienes también han asumido el papel de autores de FiscalBlog, cosa que solo puede merecer mi agradecimiento y orgullo. Por no hablar de Sevach (@Kontencioso), de Alejandro del Campo (@alejandrocampo) y su blog profesional o de los autores de otro blog de similares características, aunque mucho más bisoño, como es Taxlandia. Desvirtualizarlos ha sido un grandísimo hallazgo del que es impensable renegar.

La Academia jurídica, en cambio, sigue anclada en revistas científicas que, por muy bien paradas que salgan algunas de ellas en rankings disciplinarios, nada aportan a la praxis diaria y poco al saber común. Aun recuerdo las caras de sorpresa generalizadas cuando, en el acto de lectura de mi tesis, centré mis palabras finales con alusiones explícitas a Klaus Tipke y a ¡Javier Gómez Taboada! Como era de esperar, esta última mención de un extraño a la escolástica tributaria hizo mella en algún miembro del tribunal acostumbrado más bien a la genuflexión vel ostentationem.

Existen honrosísimas excepciones: Ramón Falcón fue el primero que mencionó al blog en uno de sus magníficos editoriales, en el que aludió a un post de Emilio. Florián García Berro hizo lo propio con un artículo mío en otro artículo de la misma Quincena Fiscal y, muy recientemente, mi querido Fran Adame recordaba en una magnífico ensaño sobre imposición patrimonial publicado en RTT de @AEDAF un escrito de Rozas Valdés, publicado también en el blog.

Y es que, si de algo podemos estar orgullosos Emilio y yo ha sido de contar con colaboraciones en el blog de todo tipo de origen y condición. Desde inspectores de hacienda a jóvenes licenciados, desde catedráticos hasta toda una Sección de Derechos y Garantías de la más importante asociación profesional, que encontró allí un espacio de libertad sin limitaciones institucionales.

En fin, 507 entradas relacionadas con el derecho tributario, con el Derecho en general o con inquietudes sociales de especial calado, 25 colaboradores a los que estamos infinitamente agradecidos y 4 autores de un club grouxiano, al que merece la pena pertenecer y con unas reglas muy básicas, que por otro lado son las mismas que me exigió Xavier Gil Pecharromán para escribir en esta revista: ser gente normal, escribir con libertad absoluta y guiarse por el mejor de los sentidos: el del humor.

En breve seguro que contaremos con algún “socio” más e iremos acortando la brecha existente entre la Academia y la profesión tributarias. ¡Larga vida a FiscalBlog!

3 pensamientos en “FiscalBlog

  1. Javier Gómez Taboada

    Mil gracias, Esaú, por tus desmedidos elogios. Todo un privilegio el formar parte de este ilusionante proyecto de divulgar por doquier los entresijos tributarios. Brindo por 8 años más.

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    1. Esaú Alarcón García Autor

      Como diría un tribuno romano: !Sea¡ El agradecimiento es nuestro, de verdad. Que la prole de la aldea gala fiscal aumente, en cantidad y calidad, es la mejor manera de celebrar la efeméride. Un abrazo, meu

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  2. José A. Rozas

    Mi enhorabuena, Esaú, y agradecimiento. Honrado, por pertenecer al club, aunque no me prodigue todo lo que me gustaria.

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