¡Viva la Renta!

Transcurrido el primer trimestre del año y una vez constatado que he incumplido los buenos propósitos de Año Nuevo, afronto el nuevo periodo lectivo con ánimos renovados y un nuevo y renovado reto; hacer la declaración de Renta antes del último día.

Pues bien, en aras de cumplir mi desafío existencial, me levanto temprano y con el ánimo exultante o inquieto. En la penumbra de la madrugada, en pijama y tras las abluciones de rigor, me siento ante el ordenador.

Hacer la declaración de la Renta es un proceso íntimo que te enfrenta ante el espejo de tu realidad, es un auténtico ejercicio de autoevaluación o examen de conciencia. Hacer la declaración te obliga a revisar qué has hecho en el año anterior, qué ha sido de tu vida, cuál es tu realidad.

Tu declaración de la Renta dice lo que eres y te lo expone con toda la crudeza. Quizás seas un lobo solitario y simple que se conforma con tener un único salario en tu vida. Nada más. Una persona, una renta, una declaración. Fin.

Por el contrario, hay quien tiene 824 alteraciones patrimoniales, ganancias y pérdidas, por distintas operaciones bursátiles, 356 transmisiones de divisas, criptodivisas y derivados, 23 cuentas corrientes y una multiplicidad de rentas y rendimientos de difícil calificación. Ahí es nada. Cuando lo ves, te sientes poderoso, exultante. El p… amo. La tentación humana es creer que eres un triunfador y tu vida es intensa, maravillosa y emocionante. Bien, lo que tú quieras. Ahora es el momento de disfrutar de las mieles de tu excitante existencia. Renta a renta, hasta el día de Juicio Final, esto es, el próximo 30 de junio…

Claro que también hay quien tiene cinco hijos con tres cónyuges distintos, cuatro mitades indivisas de viviendas que no disfruta ni obtiene rendimientos pese a que paga alguna hipoteca y ahora que recuerda una de las dos hipotecas le da derecho a la deducción por vivienda habitual porque era donde residía antes de irse con la siguiente pareja y separarse y … ¡Ostras! Tiene que imputarse una pensión compensatoria que recibe, otra que paga, y algo había que hacer con las pensiones de alimentos de los mellizos. A todas estas, los salarios percibidos de los tres empleos ¿se declaran? No sé, o sea, quizás que mejor que hable con mis abogados. En fin, pues, ¡qué complicada es la Renta! ¿no? Por favor…

Lo dicho. Ante el reclinatorio tributario, asiento mis posaderas y enciendo el ordenador. ¡Qué remedio! Ya no nos dejan utilizar el papel. Las nuevas tecnologías y la digitalización nos están estandarizando y dañan el alma creativa de los hombres. Ahora todo es a través de aplicaciones informáticas, en fríos formularios e interfaces que absorben tus datos y tu alma de una forma sigilosa, impúdicamente limpia y sin margen de error. Voracidad recaudatoria virtual.

Recuerdo, no hace tantos años, cuando para hacer la declaración utilizábamos aquellos impresos de la Renta en papel doble, los formularios D-100 junto con el correspondiente sobre. ¡Aquello sí que era hacer una declaración como Dios manda!.

Hojas y hojas para rellenar con tu boli y si te equivocabas, debías asegurarte de dejar un buen borrón para que quedase claro que el 3 sobre el 5 era el 3 porque si ponías 5, la liabas. Y sino, un poco de Tippex® en ambas hojas y solucionado. Lo del Tippex tenía su qué, porque ese brochazo blanco en el fondo blanquiazul marcaba carácter.

Siempre había el pulcro, como el que aquí suscribe, que cuando ya casi había finalizado de cumplimentarla, va y emborronaba el apartado de retenciones e ingresos a cuenta, y por aquello de hacerlo perfecto (que yo empecé trabajando en Garrigues, ojito), volvía a empezar un nuevo impreso. Al final, podía suceder que el nuevo formulario acababa más emborronado que el anterior pero, en cualquier caso, presentaba este último porque ya había hecho la autocorrección (os dije que había trabajado en Garrigues ¿no?).

La verdad es que aquellos fantásticos impresos en papel te permitían realizar alguna que otra acción creativa, especialmente, en alguna página de difícil digestión sin ser la final o decisiva, como la página 15 del modelo de declaración ordinaria del año 1999, en la que, entre números, siempre se podía deslizar alguna cifra que pareciese decir algo así como «cabrones» sin alterar, obviamente, el resultado final. Además, cuando cumplimentabas la declaración comiéndote un bocadillo de chorizo y tomándote el café matutino, ello dejaba secuelas para regocijo del funcionario de turno. ¡Qué momentos aquellos!

Ahora, todo eso ha desaparecido. Sólo nos queda el recuerdo, como lágrimas en la lluvia.

Pues bien, mientras se enciende la pantalla, cierro los ojos y comienzo a pensar y reflexionar en lo que hice en el pasado ejercicio 2018… ¡Click! Afortunadamente, tengo un ordenador de encendido rápido y a los 8 segundos ya tengo la pantalla lista para introducir mis claves… 8 segundos. Ni uno más ni uno menos. Más allá de ese espacio temporal, mi conciencia me hubiese revelado verdades que es mejor seguir ignorando.

Liberado de mi estrés mental, busco el navegador para, con ansia, marcar la página web de la Agencia Tributaria. Tres uves dobles, agenciatributaria todo seguido, punto es y ya está. Voila! Maravilloso. En la frente el icono de la Renta. Todo fácil.

Es genial esto de hacer la declaración de la Renta en plena campaña electoral. Te sensibiliza hacia la clase política, especialmente, cuando oyes decir aquello de que en España tiene un índice de presión fiscal bajo. Es hermoso. Me emociono y pienso en el abrazo que les daría a esos candidatos a representantes de la soberanía popular. Pues nada, hoy es 25 de abril y el próximo domingo os haré llegar mi particular felicitación.

Retomando el tema. Quiero el borrador o los datos fiscales, porque si tengo que hacer la Renta primero tengo que saber qué sabe Hacienda de mí y porque uno no puede afrontar esta tarea haciendo un esfuerzo desmesurado de memoria, especialmente, a estas horas de la mañana. El reto que tengo por delante es arduo, por lo que, debemos dosificar los esfuerzos.

Como no tengo el certificado electrónico instalado en casa, tendré que obtener un RENO, mejor dicho, RENØ, es decir, una especie clave supersecreta y misteriosa que, más que abrirte las puertas de la casa de Santa Claus, ves las entrañas del infierno. Bien. Para lograrlo tengo que buscar la casilla 475 de la declaración del año anterior. No mola. El número 475 es inocuo, sin gracia, no dice nada, yo creo que le pegaría más al modelo la casilla 666. Eso seguro que animaría la cumplimentación.

En cualquier caso, lo primero que me solicita el DNI. Algo fácil y sencillo. Lo marco y se me despliega una nueva pantalla donde me solicita la fecha de validez del DNI.

Veamos.

¡Oh, sorpresa! La fecha de validez del DNI es del 23 de febrero de 2019. ¡Caducado!

Son las seis y treinta y tres de la mañana y escucho de fondo que Carlos Herrera está llamando al orden a los «camastrones» y yo, aquí sólo, en penumbra, viendo como el alba asoma por las ventanas. Paralizado ante una pantalla del ordenador y turbado, reflexiono. Bendito formulario en papel. ¡Cuánto lo añoro! Con él lo hubiese logrado… Por culpa de ello, este año, como los anteriores, tendré que esperar al último momento para que me preparen la declaración de la Renta.

Otro propósito incumplido.

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