Caninos en Ezcaray, equinos en Burgos

La celebración del Congreso Tributario CGPJ/AEDAF en Burgos me brindaba la excusa perfecta para darme un “voltio” largo tiempo ansiado, así que, convencidos desde hace meses los editores de Fiscalblog de lo idóneo y conveniente de una reunión previa del “consejo editorial” en Ezcaray, inicié mi periplo.

Lo primero, tras una comida frugal (apenas un bocata, tan seco que tal pareciera un polvorón) al borde del Canal de Castilla, me dirigí a Melgar de Fernamental (Burgos; localidad -¡qué pequeño es el mundo!- donde había estado alguna noche de copas en mi ya algo lejana juventud) desde donde -y esto es literal- “tomé las de Villadiego”, pues a esa localidad burgalesa me dirigí como punto de inicio de un periplo por los páramos de la comarca de La Bureba, a los que llegué tras ascender el alto de Coculina y discurrir por Masa camino de la recóndita Poza de la Sal (origen de Félix Rodríguez de la Fuente; cuya imagen preside estas líneas).

Desde ahí, ya en descenso, circulé por Llano de Bureba hasta Quintanilla Cabe Rojas, cuya singularidad -más allá de una protegida colonia de abejarucos- es la del todo insólita presencia de un tanque M-60 Patton que el alcalde en su día decidió “plantar” en un altozano a modo de presunto atractivo turístico.

Superado Briviesca, y tras cruzar la N-1, retomé dirección sur hacia Villafranca de Montes de Oca, pasando por Alcocero de Mola donde se ubica un -para mí del todo desconocido- enorme monumento erigido en recuerdo al General Mola, precisamente en el paraje donde murió al estrellarse su avión en 1937…

Como contraste que da fe de nuestra convulsa historia, a apenas unos kilómetros, en el puerto de la Pedraja, visité el monumento que rememora -para no olvidar y, así, no repetir- el fusilamiento de 300 personas, ahí por parte del bando franquista…

Finalmente, ya desde Arlanzón, enfilé la carretera local -¡preciosa!- que, serpenteando la sierra, me llevó hasta Ezcaray, nuestro ansiado punto de encuentro.

Ahí, en Ezcaray, disfrutamos de 24 dilatadas horas de hermanamiento, compartiendo experiencias e inquietudes, y alentándonos respectivamente a perseverar en el crecimiento de esta bitácora (punto de encuentro donde confluyen nuestras respectivas ansias de libertad y de respeto por el Estado de Derecho) que hace ya tantos años fundaron Emilio Pérez Pombo y Esaú Alarcón.

Echaurren, Casa Masip, El Mesón o Troika, fueron algunos de los lugares donde nuestra hambre -canina- y nuestra sed fueron saciadas, muy satisfactoriamente, por cierto. Además, hicimos acopio de buenas viandas en Despensa Pisón, toda una institución en lo que a delicias gastronómicas se refiere.

Pero es bien sabido que no sólo de pan vive el hombre, siendo así que el pasado miércoles, bien a primera hora, nos destacamos hasta Burgos para llegar puntuales a la inauguración del XVI Congreso Tributario. Con un formato cada vez más dinámico, allí se fueron abordando -bajo la perspectiva judicial, profesional, académica y administrativa- temas de candente y polémica actualidad como, por ejemplo, “la entrada y registro domiciliarios”, “Cuestiones sensibles en la vía económico-administrativa”, “Efectos prácticos del principio de regularización íntegra” o “Inspección tributaria y potestad sancionadora (equilibrio entre el interés general y los derechos de
los ciudadanos)”
.

En todos ellos, con motivo del contraste de impresiones entre los distintos ponentes, se evidenciaron algunas diferencias notables de criterio, entre los unos y los otros. Podría referirme a muchos otros extremos, pero me limitaré a dejar constancia de dos de ellos:

-. “Ladran, luego cabalgamos”, gráfica expresión vertida por una funcionaria de la AEAT al hilo de la controversia atinente al régimen jurídico de las entradas domiciliarias. Parece, pues, que -siempre según esa peculiar lectura– todos aquellos que, desde el respeto, cuestionan (incluso desde púlpitos judiciales, todo sea dicho) las tesis administrativas y/o las reformas legales relativas a este concreto aspecto, podrían considerarse “perros” -pues ellos son los que ladran- mientras que los que cabalgan serían -en la imagen cervantina de esa expresión- caballeros andantes…

Pocas veces he montado a caballo, pero recuerdo muy bien el consejo de un experimentado jinete que me acompañó en mi -hasta ahora- último paseo equino: “los caballos, ya por su naturaleza, tienen una compulsiva querencia a comer continuamente; es, pues, tarea del jinete, controlar tal tendencia y reducir ese apetito animal a su justa y necesaria medida”.

-. “Lo deseable es que la recaudación vaya todo lo bien que deba ir, pero siempre desde el respeto a los derechos de los contribuyentes”; expresión a cargo de un ex Magistrado del Tribunal Supremo que, quizá sin ser plenamente consciente de ello, venía a “embridar” la observación previamente manifestada por aquella hacendosa (puede que nunca mejor dicho) funcionaria.

#ciudadaNOsúbdito

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