Hagan acopio de palomitas

“Creo que a la inmensa mayoría de los (funcionarios) les repugna este tipo de cosas, son gente profesional y honesta que hace su trabajo como mejor puede, a veces en condiciones muy difíciles. Pero es eso, una creencia, y bastante importante, porque en ella se sostiene el sistema. El problema es cuando tienes una experiencia directa con alguna institución y resulta que no es como creías. Son incluso deseables ciertos niveles de hipocresía para sobrellevar la vida social, pero los desajustes entre lo que se dice y lo que se ve no pueden ser exagerados porque transmiten una sensación de farsa intolerable. (…).  

Son este tipo de cosas que no se dicen en público y cuando hablas con gente de tribunales te miran como si fueras un poco pardillo y no supieras que la vida es así, que a veces pasa. También se suman disfunciones de la justicia, hábitos discutibles, exceso de trabajo, escasez de recursos, prisas. Son ese tipo de cosas que no se dicen, y quizá dentro de unos años, como ha ocurrido con otras, nos preguntemos cómo es que nadie lo había dicho antes. Así que por si acaso yo lo digo. Porque lo malo es que ya no te suena a chino la siguiente vez que lo oyes decir a alguien. Luego aparece una policía patriótica o jueces impresentables en el Constitucional y te preguntas de dónde salen. Pues salen de un estado de cosas asumido como normal, y que al menos a mí no me lo parece”.

“Si la policía se pone creativa”. Iñigo Domínguez (Ideas; El País, 21/11/2021).

***

Alejo Moreno es un sevillano próximo ya a la cuarentena, que se ha labrado una meritoria carrera cinematográfica, con trabajos “de autor” -aunque quizá esta calificación no sea 100% acertada y me gane una colleja suya por este desliz cultureta– que encuentran su hueco -y público- fuera de la vorágine de lo comercial; lo suyo, lo de Alejo, es otra cosa.

Hasta ahora su obra ya era del todo variopinta (“La higuera”, película pseudoantropológica de 2010; “La vida a 5 nudos”, documental de 2015; “Los señores de las redes”, en 2017; o “Diana”, con tintes de thriller rompedor, en 2018), unos antecedentes que auguraban que lo siguiente también podría ser algo de un género distinto; y, efectivamente, así ha sido: “Hechos probados” (2021) es un docudrama de difícil clasificación y calificación, pues se sale de lo estereotipado, es algo genuino y auténtico, un producto del todo propio de un discípulo del recientemente fallecido Antonio Gasset.

El germen de “Hechos probados” nace en la cabeza de Alejo de una pura coincidencia vital: la lectura, del todo casual, como mero lector de periódico, de la noticia -tan breve como efímera- de la ya conocida como “Declaración de Granada” (manifiesto mediante el que 35 Catedráticos de Derecho Tributario denunciaron -ya en 2018- que el contribuyente, en España, ha sido degradado de su condición de ciudadano a la de súbdito) y, en paralelo, el conocer personalmente a Agapito García Sánchez, durante años el oficialmente declarado como el deudor tributario nº 1 de España.

La peripecia tributaria vivida durante más de dos décadas por Agapito (una versión moderna del kafkiano Joseph K.) es el hilo conductor que le permite a Alejo ir desgranando algunos de los ingredientes patológicos patrios que, en ciertos casos (no excepcionales ni, por tanto, tampoco anecdóticos), provocan que el Estado se desplome como una losa sobre un ciudadano (ya súbdito) y lo lamine…

Las herramientas jurídicas de las que la Administración dispone (paradigmáticamente, el privilegio de las presunciones de veracidad, legalidad o validez; y, de ahí, la ejecutividad de su actividad, es decir, su autotutela), la discrecionalidad interpretativa de la Agencia Tributaria (no siempre fácilmente distinguible de algo próximo a la arbitrariedad), la singular actuación de la Fiscalía, el sempiterno atasco judicial, o lo estéril de llamar a la puerta del Tribunal Constitucional e incluso del Tribunal Europeo de Derechos Humanos…, todo ello tiene su crudo reflejo en “Hechos probados”.

El relato, lejos de lo que se pueda interpretar, no constituye una “causa general” ni contra la totalidad del sistema establecido ni, menos aún, contra la AEAT; no: lo que Alejo hace es poner el foco en que, la conjunción de ciertas praxis (no generalizadas, pero tampoco tan inusuales como para no inquietarnos), determina una indefensión cívica de libro, poniendo en cuestión -fundadamente- los cimientos de nuestro cacareado Estado de Derecho que, en tales ocasiones, más pareciera Derecho -¿razón?- de Estado.

El caso de Agapito -cuya eventual letra pequeña queda arrasada por el incuestionable principio de la “verdad judicial”; es decir, que para el Estado no puede haber una doble realidad- es el eje idóneo para enhebrar el relato de una pesadilla de nuestro tiempo, todo un realista remake del kafkiano “El proceso”: cómo un ciudadano -no se nos olvide, titular de obligaciones (muchas) pero, también, de algunos derechos (importantes, fundamentales, constitucionales)- puede, en un envite con el Poder, quedar desarbolado ante la omnipotencia del Leviatán. Y es que, en realidad, todos podríamos ser Agapito…

Pero, con todo, lo realmente estrambótico de “Hechos probados” no es tanto la inmensa potencia de su mensaje -¡que también!- como que ninguna sala de cine, ninguna cadena televisiva, ninguna plataforma digital la esté comercializando… ¿Quizá haya una decisión judicial que impida esa divulgación? No: ningún obstáculo, ni judicial ni legal, motiva esa omertá sobre la película de Moreno. Así pues, la única razón -surrealista y del todo kafkiana, pero implacable- no puede ser otra que las reservas (¡toma eufemismo!) a ser señalado como pregonero de la denuncia que “Hechos probados” entraña.

Ésta, para mí, es la constatación más peligrosa de todo este episodio: que en Españistán, en contra de lo que oficialmente se nos vende, no gozamos de un elevado grado de libertad; no. Y esto, obvio es decirlo, es muy grave y, además y, sobre todo, muy triste. Ya me gustaría que fuera una inocentada pero…, lamentablemente, no lo es; no.

Por todo ello, precisamente, hay que ver “Hechos probados”, y eso sólo puede hacerse en su propia web: https://documentalhechosprobados.com/ 

Un magnífico plan para cualquier tarde/noche invernal de estas fechas navideñas.

Que tengan, todos, un muy feliz 2.022.

#ciudadaNOsúbdito

CODAS:

1.- “La Hacienda Pública se ha convertido en agente de la razón de Estado. Una razón que descansa sobre un solo pilar cual es la recaudación. En el margen del camino ha ido quedando, primero, la Ley; más tarde, la seguridad jurídica; y unos metros más allá las
garantías y los derechos del contribuyente”
.

Declaración de Granada, 18/5/2018.

2.- “Nuestras Administraciones están constitucionalmente obligadas a actuar «con objetividad al servicio de los intereses generales´´ y «con sometimiento pleno a la ley y al Derecho´´. Por esa razón, disfrutan de una serie de privilegios materiales y procesales que la convierten, como decían los administrativistas clásicos, en una «potentior persona´´, es decir, una persona con mucho más poder que un particular.  Por eso, recordando a Cicerón, si queremos ser libres necesitamos que no solo nosotros sino también nuestras Administraciones y nuestros Gobiernos -nada hay más poderoso que un Gobierno o una Administración pública- sean esclavos de las leyes. (…)

Se trata de una regresión a épocas que creíamos felizmente superadas, en las que el respeto de los derechos y libertades depende más del favor del gobernante de turno que de los mecanismos de tutela de que dispone el Estado de Derecho. Ya decía Burke que no hay poder arbitrario que conceder en una democracia. (…)

La pasividad de la sociedad frente a estos escándalos institucionales hace el resto. Unas veces por desconocimiento, otras por desistimiento, nos vamos acostumbrando a un tipo de episodios que, sencillamente, degradan nuestra democracia y nos llevan hacia el iliberalismo, en la misma dirección de otros países europeos o incluso latinoamericanos”.

Corrupción democrática. Elisa de la Nuez (El Mundo, 2/12/2021).

 

Un pensamiento en “Hagan acopio de palomitas

  1. josé

    La idea de que se descubren cerca de quince mil millones de euros al año, se compadece poco con el cobro efectivo de ese descubrimiento. Si a eso le añadimos el coste del miedo a invertir fruto de la inseguridad jurídica tenemos la tormenta perfecta. En resumen: «Algo huele a podrido en Dinamarca»….

    Responder

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