El reverso oscuro de la amnistía fiscal.

Y con la “amnistía fiscal” llegó el escándalo. Así es, quizás sea porque estamos en Semana Santa, quizás sea porque este es un país de Sumos Sacerdotes, el caso es que con la citada medida, los actuales Anás y Caifás se postulan en los medios públicos rasgándose las vestiduras y mesándose el pelo, mostrando su ira y estupor ante tamaña medida.

Ahora bien, si algo me resulta sorprendente es que, los modernos saduceos y fariseos aludan al honor y la moralidad para discutir la citada medida fiscal. Como si este fuese un país de fieles cumplidores del ordenamiento tributario. No seamos hipócritas, si algún rasgo tenemos en común los españoles, españoles todos, es que alardeamos más de lo que dejamos de “contribuir al sostenimiento de los gastos públicos” o de lo listos que somos tras haber obtenido tal o cual “ayudita”.

Evidentemente, la “amnistía fiscal” no es una medida de la que un Gobierno deba sentirse satisfecho o especialmente orgulloso. Al contrario, su necesidad, conveniencia u oportunidad obedece a meras razones de índole práctico, como mal menor, pues su mera proposición pone de manifiesto las graves limitaciones o deficiencias de nuestros sistemas de control de la evasión fiscal.

Por el momento, me reservo entrar en el debate técnico (como ya ha iniciado mi alter-ego, Esaú) pues quisiera esperar a conocer el desarrollo reglamentario de las medidas. No me cabe ninguna duda de que tendremos importantes sorpresas con los oportunos matices.

El caso es que quisiera poner de manifiesto dos importantes cuestiones que no he escuchado o leído.

La primera de ellas hace referencia a la propia regulación de la “amnistía fiscal” en la Disposición Adicional Primera del Real Decreto-Ley 12/2012, de 30 de marzo. El caso es que, a diferencia de lo previsto en relación a los dividendos y rentas de fuente extranjera, la regularización tributaria excepcional no está ligada a la consiguiente “repatriación” de las rentas. Entiendo que existen rentas y patrimonios ocultos que no son susceptibles de “repatriación” (por ejemplo, patrimonios inmobiliarios), no obstante, entiendo que son los menos. La mayor parte de las rentas y riqueza opaca es de naturaleza líquida o mobiliaria, por lo que, sería deseable (o exigible) que, para gozar de tal regularización excepcional, el “amnistiado” se sirva situar dichas rentas y patrimonio en nuestro ámbito territorial. Esta exigencia, de por sí, ya justificaría la propia medida excepcional.

Algunos me dirán que el objetivo de la medida es hacer aflorar el dinero oculto (el dinero de la “economía sumergida”) ya situado en nuestro propio país y no tiene sentido dicha exigencia. Sin embargo, en mi opinión, el patrimonio oculto en efectivo es meramente residual (pensemos en nuestras casas y hogares). Cuando alguien ha conseguido juntar alguna cantidad más importante, dicho dinero “ha viajado”…

La segunda cuestión y que me parece más relevante, es el “reverso oscuro” de la citada “amnistía fiscal”. Como en el mito de la caverna de Platón, nos hemos centrado en las sombras proyectadas en las paredes de la cueva y nos olvidamos de las figuras y la luz que generan las figuras visionadas.

En efecto, mi opinión es que la citada “amnistía fiscal” enmascara una iniciativa para la obtención de datos e información clave para posteriores regularizaciones tributarias “ordinarias”.

No se trata de una conspiración del tipo «club Bildeberg» o de ovnis, sino de un lógico objetivo que para su efectiva consecución precisa la no revelación del mismo. Para explicarme, tengo que traer a colación el conocido “Dilema del Prisionero” que estudiamos en Teoría de Juegos.

Reformulando el problema, podríamos plantear el citado Dilema de la siguiente manera: «La Agencia Tributaria tiene información de dos contribuyentes sospechosos de evasión fiscal. Como no tiene pruebas suficientes para efectuar la oportuna regularización tributaria, tras haberlos separado, los visita a cada uno y les ofrece el mismo trato. Si uno confiesa y su cómplice no, el contribuyente cómplice que no confiese deberá soportar una regularización tributaria “ordinaria” (intereses, sanciones y, en su caso, instrucción penal), y el primero se verá liberado. Si uno calla y el cómplice confiesa, el primero se verá regularizado y será el cómplice quien salga libre. Si ambos confiesan, ambos asumirán una regularización mayor a la que pretendían. Si ambos lo niegan, seguirán siendo controlados de cerca sin que la Agencia Tributaria pueda ir más allá.»

Llevemos esta formulación a un supuesto práctico real. Un promotor inmobiliario que desarrolló una pequeña promoción inmobiliaria de 4 viviendas que consiguió transmitir en el ejercicio 2008. No sería muy descabellado pensar que este promotor tuvo rentas no declaradas pues, es práctica habitual en nuestro país, el que existan diferencias entre el valor declarado en escritura y el precio efectivamente satisfecho. Esta irregularidad no se debe por la voluntad elusora fiscal del promotor, al contrario, normalmente, son los propios compradores quienes vienen solicitando deflactar los precios a fin de minimizar el coste tributario indirecto (IVA e ITP-AJD) y, en muchas ocasiones, traspasar parte del efectivo de su colchón.

Resulta que dicho promotor inmobiliario, cansado de padecer una regularización tributaria que le acabe de hundir en la miseria, acude a la Agencia Tributaria y, acogiéndose a la Disposición Adicional Primera del Real Decreto-Ley 12/2012, de 30 de marzo, expone que en el año 2008 obtuvo unas rentas no declaradas en su actividad económica y, para enmendar su pena, abona el tributo “excepcional”. ¿Qué sucedería entonces, si resulta que los adquirentes de las viviendas no declaran o ponen de manifiesto rentas o patrimonios ocultos? ¿Debemos esperar que la Agencia Tributaria se quede de brazos cruzados?

Es más, os puede anticipar que no. Al contrario, la Agencia Tributaria se está preparando para actuar de forma inmediata, a medida que se efectúen las distintas “regularizaciones extraordinarias” pues, como pone de manifiesto la propia redacción de la norma, la “amnistía fiscal” no será posible en la medida que se hayan iniciado cualquier actuación de comprobación e investigación por parte de la Agencia Tributaria.

Al final, el ruido de los modernos saduceos y fariseos no nos deja escuchar la melodía del “reverso oscuro”. Y es que, el que no confiese a tiempo, deberá temer que su cómplice lo haga en el plazo fijado… Y sino, al tiempo.

 

0 pensamientos en “El reverso oscuro de la amnistía fiscal.

  1. Oscar

    Muy interesante,
    Este tipo de información hace mucha falta para no quedarnos solo con lo que dicen los medios tradicionales y los canales de información del gobierno y oposición.
    Enhorabuena por el blog!

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