Aquellos maravillosos años

“El tiempo y la marea no esperan a nadie”. Geoffrey Chaucer

A todos aquellos con los que -entre 1972 y 1985- tuve la fortuna de coincidir en el Colegio de los Jesuitas de Vigo.

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En la primera mitad de los 80s, anteayer, cuando -al igual que todos nosotros- era un chaval, entre la Plaza de Compostela y Carral, en la perpendicular calle Victoria, había una peluquería a la que iba a cortarme mi entonces abundante pelambrera. Allí, el único modo de sobrellevar la espera era leer la revista Pronto (la de mayor tirada nacional); y fue una sección de ese semanario la que me abrió los ojos a la realidad de los azares vitales; su título “¿Qué hubiera sido de mi vida si…?”.

Ese interrogante, me/nos perseguirá toda la vida: muchas veces -algunas, del todo inconscientemente- tomamos decisiones que el tiempo evidencia que son determinantes para nuestro devenir… Las que ponen los pelos como escarpias son ésas que otros -terceras personas- tomaron en su día y que han condicionado nuestra propia existencia o gran parte de nuestra trayectoria vital: ¿y si mis padres no se hubieran conocido, tal y como estuvo a punto de suceder en la hoy ya mítica -y cuarentona- “Regreso al futuro” (1985)? ¿y si no hubiera tenido hermanos (o, y si los hubiera tenido)? ¿y si, en vez de aquí, en Vigo, mi familia hubiera vivido en Murcia, en Belgrado, o en Teherán? ¿y si no hubiera estudiado aquí, en los Jesuitas? ¿cómo sería mi vida? ¿cómo habrían sido nuestras vidas?

El 11 de septiembre -¡qué fecha más caprichosa!- de 1972 podría haber sido un día cualquiera; pero no lo fue: no, al menos, para muchos de nosotros. Y es que ese día empezamos el curso de Párvulos/Preescolar 1972/1973 en los Jesuitas de Vigo (el Colegio Apóstol Santiago, o, simplemente, el “Apóstol” o “Bellavista”).

Mi presencia allí -imagino que como la de muchos de vosotros- no era casual, más bien era causal pues respondía a una cierta tradición familiar; en mi caso: tanto mi padre como varios tíos abuelos habían estudiado en los Jesuitas: el primero, en Madrid; los segundos aquí, internos en el propio Bellavista (éstos, incluso se embarcaron en la aventura de seguir a la Compañía en su exilio a Portugal, cuando el Gobierno de la República la expulsó de España).

Perdón; procuraré no disiparme: digo que aquel 11 de septiembre de 1972 fue el primero de los más de 3.500 días que muchos de nosotros pasamos en el Colegio a lo largo de 13 cursos; ¿13 años, ¡¡¡sólo 13!!!, aquí, en Bellavista? ¿es posible?

Viéndolo ahora, con la perspectiva que da la edad, diría que parecieron más, bastantes más, ¡muchos más!!!… Y es que hoy, si miramos hacia atrás, 13 años parecen apenas un suspiro: el breve paréntesis en que nuestros propios hijos pasan de ser niños a mirarnos -al menos, físicamente- por encima del hombro; o sea, dos telediarios.

Sin embargo, el recuerdo nos dice que aquellos 13 años fueron largos, muy largos; supongo que será por su intensidad e, incluso, por su densidad: fue el tiempo de tránsito desde nuestra tierna infancia a la siempre insolente -por recién estrenada- mayoría de edad.

Y fue, por tanto, 1985 nuestro último año aquí. Ese -¿lejano?- 1985 del que hoy conmemoramos su 40 aniversario… ¡40 años!!!!: desde nuestros entonces 17-18 a nuestros actuales 57-58. Los que median entre el autostop y blablacar, entre el teléfono góndola de nuestras casas paternas y el bluetooth del coche, entre el paso de todo y el en plan

En cualquier caso, la realidad es tozuda: desde 1985 han pasado 40 años, un paréntesis de 4 décadas o, lo que es lo mismo, casi 15.000 días. Días, uno tras otro, en los que hemos dejado de vernos, de reírnos, de tocarnos, de olernos -sí, hoy sabemos que en aquellas clases de casi 50 adolescentes el olor debía ser insoportable-…; pero nunca de querernos, de añorarnos.

Cada uno, en nuestras respectivas vidas, hemos seguido nuestros propios caminos; hemos jugado -con mayor o menor fortuna- las cartas -mejores o peores- que el azar puso en nuestras manos. Pero lo cierto es que, 8 lustros después, nosotros -todos nosotros- hemos atendido, puntuales, la llamada de nuestro particular sentido de pertenencia a esta “tribu”: somos alumnos de Jesuitas; somos compañeros de curso y eso, hoy lo sabemos, une; nos une.

Y es que, si no fuera así, hoy no estaríamos aquí. Y si estamos es porque nos gusta reencontrarnos, comprobar si es verdad eso de que la madurez puede ser “interesante”, o si aquel pelo de la década de los 80s sigue en su sitio o si ya se ha ido para no volver.

Es cierto que no estamos todos: de casi 160, hoy nos reunimos 66. Algunos -muchos- no han podido venir, otros -entiendo que los menos- no han querido (tendrán sus motivos; siempre respetables, siempre legítimos); y también hay los que ya no están entre nosotros: Ángelo, César, “Checho”, Enrique, Gloria, Jorge, José Ramón, Juan, Luis, Manuel, Manuel, Nuria, Sonia y Zuly…

Son ellos, los ya fallecidos, quienes, precisamente hoy, nos envían un importante mensaje, el mismo que salía de las vetustas orlas en aquella célebre escena de “El club de los poetas muertos”: “carpe diem”; “disfrutad el momento”. Valorad -nos dicen- lo importante de la vida, lo esencial: que no nos despistemos con cuitas menores; menos todavía ahora, cuando ya asoma en el horizonte la sexta década de nuestra existencia. Que recordemos, pues, que ya sólo nos queda este lado del jamón, que el otro -para bien, o para mal- ya nos lo fundimos.

Pero, también, que nos quiten lo bailao…; eso sí: siempre teniendo bien presente que, aquí, en la Tierra, sólo hay una vida y, por lo que parece, es ésta (aquí y ahora).

En fin; podría prodigarme con múltiples anécdotas y recuerdos; pero no lo haré: pues serían los míos y, además de pecar de personalista, me extendería demasiado.

Acabo, pues, con un sentido recuerdo al claustro de profesores que -como cualquiera de nosotros: con infinitos aciertos y algún posible error; pero, ¡seguro!, que siempre con la mejor de las intenciones- nos acompañaron en aquellos maravillosos años, con nombres ya legendarios como, entre los seglares, D. Paco, Cuartero, Sanfiz, Rufo, Araceli, Ana (desde aquí, un beso; “mirindero”, por supuesto), Arturo, Alonso, Fernando, Nazario, o Teacher (¿alguno recordáis su nombre?). Entre los religiosos, Ubaldo, Figueiral, Requejo, Jesús Bajo o el propio Javier Velasco (que hoy, también generosamente, nos acompaña)…

Rafa, de parte de todos y por todo, ¡mil gracias!

“Show must go on”

Javier Gómez Taboada

Discurso en la celebración del 40º aniversario de la promoción 1984/1985 de Jesuitas/Vigo.

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Con este “post” intimista (y, como excepción, extratributario) concluyo la temporada 2024/2025. Mis quincenales “posts” regresarán a esta bitácora – tras el paréntesis vacacional- el martes 16/9.

Sean buenos y ríndanse -siquiera un poco- al “dolce far niente”.

#ciudadaNOsúbdito

 

Acerca de Javier Gómez Taboada

Inició su carrera profesional en el Departamento Fiscal de J&B Cremades (Madrid; 1992/94) y, posteriormente, en Coopers&Lybrand (hoy Landwell/PWC; Madrid/Vigo; 1994/97) y en EY Abogados (antes Ernst&Young; 1997/2014) donde fue su Director en Galicia. Licenciado en Derecho por la Universidad de Salamanca (1990). Máster en Asesoría Fiscal (MAF) del Instituto de Empresa (1992). Miembro del Colegio de Abogados y de la Asociación Española de Asesores Fiscales (AEDAF). Coordinador de la Sección del I. Sociedades (2012-2015) de la AEDAF, miembro de su Consejo Institucional (2010-2015, 2018-2023), de su Sección de derechos y garantías del contribuyente (2015-2018), y de su Comisión Directiva asumiendo la Vocalía responsable de Estudios e Investigación (2018-2023). Miembro de los claustros docentes del Curso de especialización en Derecho Tributario de la USC; Máster en Asesoría Jurídica de la UdC; Máster de Derecho Empresarial de la UVigo; Máster en Asesoría Jurídica de Empresa (IFFE/La Coruña); Máster en Fiscalidad y Tributación (Colegio de Economistas de La Coruña); Máster en Tributación y Asesoría Fiscal (Escuela de Finanzas/La Coruña); y Máster en Asesoría Jurídico-Fiscal de la U. Complutense de Madrid. Autor de numerosos artículos doctrinales, tanto individuales como colectivos. Colaborador habitual de la revista del Colegio Notarial de Madrid ("El Notario del siglo XXI") y autor de la tribuna "Soliloquios tributarios" (Atlántico diario). Ponente habitual en Seminarios y Jornadas tributarias. Miembro Jurado 21º-24º edición Premio AEDAF. Reconocido por Best Lawyers (2020/2022) y “Abogado del año”/”Lawyer of the year” (2024).

2 pensamientos en “Aquellos maravillosos años

  1. JR Chaves

    Espléndido discurso, Javier. Emotivo, tierno, simpático y realista a la vez. Comparto similares sensaciones respecto de lo que viví como escolapio y el reencuentro con los que quedamos. Hay que mirar hacia atrás sin ira y felicitarnos de haber sobrevivido. Eran los tiempos que nos tocó vivir y ahora les esperan mayores retos a las nuevas generaciones.

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