El rey está desnudo (o wellcome to Guatemala)

A mis primos Coqué y Ramón; dueños de una pyme que, como tantos, pelean cada día, contra viento y marea, por salir adelante. Unos titanes. Unos héroes sin capa.

 “Son españoles los que no pueden ser otra cosa” Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897).

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“Pinker distingue varios niveles de conocimiento, pero los dos que nos importan aquí son:

1-Conocimiento de primer orden: “Yo sé algo”.

2-Conocimiento común (de segundo orden o superior): “Yo sé que tú sabes que yo sé que todos sabemos…”.

Esto es lo que realmente mueve el mundo, porque solo cuando algo llega a este nivel la gente se atreve a hablar en público, a actuar, a desafiar el statu quo sin miedo al ostracismo. En el cuento del emperador todo el mundo ve que el rey está desnudo, esto es un conocimiento de primer orden. Pero nadie se atreve a decirlo porque no sabe que los demás también lo ven, no hay conocimiento común. El niño grita “¡está desnudo!” y de repente todo el mundo se entera de que los demás también lo veían, se crea conocimiento común y todo el hechizo se rompe y la gente empieza a reírse del rey”.

“Ya sabemos que existe lo que nos decían que no existe”. Pablo Malo; 27/11/2025.

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Ya les he dado cuenta en alguna ocasión anterior (“Lo preexistente”; 5/4/2022) de mis experiencias paranormales cuando me traslado al archipiélago canario; así: “En algún momento del vuelo se cruza el límite del huso horario y, a partir de ahí, uno queda sometido a una especie de traslación espacio/tiempo de la que solo sale cuando lo vuelve a cruzar ya en sentido inverso…; y aquí no solo me refiero a esa exótica diferencia horaria (el ya clásico “una hora menos en Canarias”), sino a una sensación cuasiextracorpórea que provoca que uno se instale en una especie de nirvana tropical”.

Y como ese fenómeno paranormal es innato a mí, lo he vuelto a experimentar con ocasión de un reciente viaje profesional a Tenerife y, más en concreto, a La Laguna (ciudad preciosa donde la haya, por cierto). Fui allí -siempre bajo los auspicios de la logística gestionada magistralmente por Karen Londoño, ¡gracias!- atendiendo una tan generosa como hospitalaria invitación de la AEDAF, aquí encarnada en su Delegado Territorial (mi siempre bienquerido Julio García-Pérez), para compartir algunas inquietudes con los asociados allí convocados con motivo de sus Jornadas de Estudio. En mi intervención actuó como maestro de ceremonias el simpar Luis Ferrándiz (gracias, siempre), siendo así que me brindó la oportunidad de compartir unas “Reflexiones de un ciudadano no súbdito (¿les suena?) sobre la fiscalidad”.

Inicié mi intervención apelando a la naturaleza de “terapia de grupo” del evento allí celebrado y, siendo así, invité a la concurrencia a hacer varios ejercicios de puesta en común.

El primero, reflexionar sobre el “rey desnudo”; es decir: poner voz a esa queja silente (como las hemorroides, cada uno en la soledad de su casa) de que las cosas van mal. Si todos -me refiero al gremio de asesores fiscales- compartimos la percepción de que el ambiente lleva tiempo deteriorándose y de que ya sólo va a peor, ¿qué mejor ocasión que este tipo de saraos para hablar del elefante en la habitación, no?

Y el elefante presenta varias patologías; una -al menos- por cada uno de los poderes del Estado. Veámoslas, ya simplemente a modo de ejemplo:

Ejecutivo: ¿es normal que un exalto responsable de la AEAT (en concreto, un Delegado) afirme en un medio de comunicación que “la Agencia Tributaria trabaja para velar por el sostenimiento de los gastos públicos y garantizar el Estado de bienestar”?

Pues yo digo que no; que no es normal, y no lo es pues, por mandato del Parlamento, la función de la AEAT no es ésa si no “desarrollar las actuaciones administrativas necesarias para que el sis­tema tributario estatal y el aduanero se apliquen con generalidad y eficacia a todos los obligados tributarios, mediante los procedimientos de gestión, inspección y recaudación tanto formal como material, que minimicen los costes indirectos derivados de las exigencias formales necesarias para el cumplimiento de las obligaciones tributarias” (artículo 103 LPGE/1991); y todo ello, por supuesto, conforme a Derecho. No es, pues, el papel de la AEAT buscar ingresos debajo de las piedras para “sostener los gastos públicos”; y menos mal, pues, en tal caso, su tarea sería como perseguir su propia sombra.

Legislativo (aquí encarnado en el Ejecutivo en funciones legisladoras con normas de rango infralegal): ¿es de recibo que el Ministro de la “cosa” responda con un “no nos metamos en debates que no le convienen a nadie; vayamos a lo práctico”, cuando en una Comisión de Hacienda del Congreso de los Diputados es interpelado por un diputado (y, además, Inspector excedente) haciéndole ver la obviedad de que la AEAT ha aprobado una Instrucción habilitando el aplazamiento/fraccionamiento del pago del IVA contrariando así la expresa prohibición del artículo 65.2.f) LGT?

No me respondan, por favor, que ya lo hago yo: no; no es de recibo.

Judicial: ¿es aceptable que sea necesario llegar al Tribunal Supremo para que éste enmiende la plana al órgano jurisdiccional de instancia haciéndole ver que el IVA soportado no deducible por obra y gracia de la prorrata debe ser mayor gasto corriente -o, en su defecto, más base de amortización del inmovilizado- para los contribuyentes que desarrollan una actividad económica?

Ya se lo digo yo también: no; no es aceptable.

Ergo si estas cosas pasan -y es evidente que pasan- y todos nos lamentamos de ellas en privado, ¿por qué no hacerlo, también, en público? ¿por qué no denunciarlo como evidencia de que no vamos bien? ¿por qué no clamar procurando la corrección de este estado de cosas?

¿Todo está mal? No, evidentemente, no. Pero hay cosas -no menores, por cierto- que sí que lo están y negándolo no estaremos ayudando a su adecuada resolución. Es, precisamente, sólo poniendo en común este estado de cosas como podremos lograr su mejora. El silencio -como con las patológicas hemorroides- no es fácil que ayude; bien al contrario, coadyuvará a su perpetuación.

Éramos pocos y parió la abuela pues, precisamente, cuando escribo estas líneas acaba de hacerse público que la implantación del célebre “Verifactu” se postpone un año; y esto se hace a golpe de 3 de diciembre (i.e.: 28 días antes de su prevista entrada en vigor), cuando miles de empresas/autónomos ya han invertido dinero y tiempo (que, al final, también es dinero) en prepararse en tiempo y forma para algo que el Estado viene anunciando desde tiempo inmemorial; dejando así de atender otras necesidades (las más, del todo claves para su negocio; no como ésta que sólo sirve para engordar al del todo insaciable Leviatán).

Leo en una red social, que uno de los altos funcionarios que, durante años, estuvo “empujando” (sic) para llevar adelante la implantación del tal “Verifactu”, expresa su “perplejidad” ante la publicación en el BOE del Real Decreto-ley que demora la efectividad de este sistema; a lo que añade sus “disculpas a tantas y tantas empresas, desarrolladores y despachos que han confiado en que se cumplirían los plazos”. Esa actitud, esa reacción, pública, le honra; vaya eso por delante. Pero siendo así, creo que ya no es suficiente: son ya muchos los episodios acumulados en apenas unos pocos años (¿es necesario recordar el laberinto del 720, el insulto a los mutualistas, los numerosos casos en que el BOE ha sorteado sentencias del Supremo, etc., etc., …?) que muestran el escarnio al que se somete al contribuyente de buena fe; vilipendiado, degradado, engañado, exprimido, ninguneado… Creo, pues, llegada la hora en que el funcionariado ponga pie en pared y exija responsabilidades y cambios de rumbo; más allá de sus estrictos intereses corporativos (que son tan legítimos como -en su mayoría- de su exclusiva incumbencia). No hacerlo -así y ahora- implica asumir el alto riesgo de que la sociedad les considere cómplices por incomparecencia, silencio, omisión. El tiempo -siempre finito- se agota.

Este -¡enésimo!- episodio que evidencia, una vez más, el desprecio absoluto -he ahí el rey desnudo- que desde el poder se dispensa al ciudadano de a pie (alias Juan Español), me reafirma en otra reflexión que hice en voz alta aprovechando mi disertación en La Laguna:

Según creo -no he tenido ocasión de comprobarlo presencialmente- Guatemala es un país precioso, cautivador; tanto como su paisanaje. Sin embargo, para su inmensa desgracia, es un paradigma de país bananero (es la larga sombra de la “United Fruit”; ya saben). Siempre me llamó la atención el hecho de que Felipe González -que siempre se caracterizó por mantener unas relaciones muy estrechas con América Latina- nunca lo visitara; quizá como efecto secundario de aquel sangriento asalto que nuestra embajada allí sufrió en 1980 (casi tres años antes de que González llegara a la Moncloa).

Puedo intuir que la vida cotidiana de un guatemalteco sea dura, durísima; que toda comparación con nuestras preocupaciones e inquietudes sean las propias de dos universos paralelos, con poco -¿nada?- en común. Pero, partiendo de la asunción de esa realidad tan diferente entre ellos y nosotros, creo que el guatemalteco tiene una ventaja de planteamiento vital respecto al español de a pie: mientras que aquel es plenamente consciente de que vive en un país bananero y, como tal, adapta sus decisiones a esa circunstancia; el español -por el contrario- se ha creído el trampantojo de que está en un país del primer mundo cuando la cruda realidad es que, en muchos aspectos del día a día, España se comporta como lo que en realidad es: una república bananera.

***

Los policías territoriales y las tropas nómadas (ambos, de origen nativo) “no merecían la traición, no merecían aquello. Cuando los vi salir del cuartel, desarmados…, fue terrible. Fue una marranada. No lo comprendían; sobre todo, eran soldados fieles. Habían luchado por España durante muchísimos años. Los desarmaron para entregarlos a los marroquíes… Entro en el cuartel y todavía hay saharauis dentro; y en ese momento -que no olvidaré jamás- suena el cornetín porque van a bajar bandera. Y entonces el alférez se acerca al teniente coronel y le dice «¿nos permite saludar por última vez a la bandera?´´. El teniente coronel se pone a llorar y los saharauis, desarmados y traicionados, forman en el patio y todos saludan a la bandera española que los acababa de traicionar. Después salen del cuartel y se van -ya esa noche- con el Polisario, la mayoría. Hasta los que no eran propolisarios, se van con él” (“La provincia 53”; capítulo 10 “Los cercados”, que incluye este relato en primera persona de Pérez-Reverte, testigo directo de aquel episodio. Podcast de Onda Cero).

#ciudadaNOsúbdito

4 pensamientos en “El rey está desnudo (o wellcome to Guatemala)

  1. Santiago

    Grandes los tres: Ramón, Coqué y tú.
    Y España sigue siendo la de Carta segunda a Andrés: para batuecos no podemos estar mejor.

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  2. Eva Corral

    Gracias a los profesionales que manifiestan su disconformidad con las actuaciones de la administracion : no he visto que digan alguna vez que nos devuelven algo indebido, sin que lo hayamos reclamado.
    Visto desde Francia, donde ejerzo, da miedo España.

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