Lo de Rosa…

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“No me da rabia compartir el bote con Hacienda, me parece justo. Soy una creyente de que las personas que más ingresos tienen deberían contribuir más para poder vivir en la sociedad tal y como la conocemos. Gracias al sistema de impuestos que tenemos en España, tenemos un gran sistema de servicios públicos. Así que no me da ninguna rabia, al contrario, considero que he podido llegar hasta aquí gracias a mis esfuerzos, pero también a las circunstancias que se han dado en mi vida, y parte de esas circunstancias han sido el producto de la formación que he tenido gracias a la escuela pública, a becas públicas, a la sanidad pública. Si puedo contribuir un poquito a que el resto siga disfrutando de esto, yo encantada”. Rosa Rodríguez, ABC (6/2/2026).

***

Lo reconozco, y no tengo empacho en ello: he visto el “rosco” de Rosa (¡caray! dicho así, no suena demasiado bien…) y confieso que me he emocionado. Muy fuerte lo suyo. Quiso, además, la casualidad que una de las 25 preguntas acertadas me tocara muy de cerca; nada menos que en mis orígenes maternos: “Con la O: provincia española a la que pertenecen los municipios de Verín y Ribadavia”. Bien es cierto que no era difícil; ésa -hablo sólo de ésa- era muy fácil.

Creo, sinceramente, que Rosa -que quizá, como la de “Operación Triunfo”, ya haya pasado (sin siquiera ser consciente de ello) a ser “Rosa de España”-, con esas declaraciones a la prensa arriba transcritas, ya ha hecho más por el civismo tributario patrio que muchas de las campañas institucionales impulsadas desde el erario. Sobre todo, teniendo en cuenta que los recientes eslóganes (“lo que das, vuelve” o “no es magia, son tus impuestos”), inoportunamente mixturados con unos cuantos casos de corrupción y/o con la palmaria inoperancia de las instituciones públicas en todavía recientes calamidades de todos conocidas, los haya vaciado de contenido, cuando no convertido en genuinos bumeranes en forma de ya populares memes

Me alegra mucho, sinceramente, que alguien de su perfil (edad, nivel cultural y trayectoria vital) tenga esa convicción y que, además, la divulgue.

Dicho lo cual, quizá Rosa ignore -y es lógico que así sea, pues no se le presupone un específico conocimiento sobre el complejo universo tributario- ciertas patologías de nuestro maltrecho sistema tributario que aquí me gustaría glosar; pero no para que cambie de opinión, bien al contrario: para que la mantenga, pero ya siendo conocedora de esos agujeros negros que socavan nuestra condición de ciudadanos.

Y a ello voy, y lo hago en forma de “flashes” (para no aburrirles, apenas unos cuantos paradigmáticos):

.-  Cuando un contribuyente discrepa con la Administración tributaria, debe emplear años hasta que un órgano judicial se pronuncie sobre esa controversia.

.- Incluso ganando, no es infrecuente que la ejecución de esa sentencia favorable se convierta en un nuevo quebradero de cabeza.

.- Prueba de ello es que, también en ese escenario victorioso, cabe que tenga que pagar intereses de demora por la parte del impuesto en el que no se le ha dado la razón.

.- O que sobre la parte victoriosa, los intereses abonados a su favor, tributen.

.- O, también, que no son anecdóticos los casos en los que el órgano judicial debe instar a la Administración a que lleve a efecto la sentencia, sin dormirse en los laureles.

.- Que la defensa del erario use argumentos “a la carta” -en un sentido o el contrario- en función del interés recaudatorio del asunto.

.- Que la cancelación (e indemnización) de las garantías en su día aportadas para lograr la suspensión de la deuda puede demorarse muy sensiblemente, causando un del todo innecesario daño colateral.

.- Que en la ecuación del cómputo del bonus, se incluyen las regularizaciones litigiosas que, quizá, nunca lleguen a consumarse.

.- Que la normativa procedimental de los tributos está trufada de sorpresas, a modo de campo de minas, sin que -en ocasiones- siquiera el Parlamento sea consciente de lo que ha aprobado.

.- Que la normativa tributaria es del todo confusa y volátil pero que, pese a ello, la Administración es de gatillo fácil a la hora de sancionar/castigar.

.- Que, de media, los contribuyentes ganan la mitad de los pleitos con la Administración tributaria.

.- Que cuando una norma es declarada contraria a la Constitución o a la normativa comunitaria, la experiencia evidencia las inmensas dificultades para lograr la devolución de ingresos indebidos y/o la indemnización por los daños sufridos.

.- Que, ante las dudas del todo lógicas y legítimas que los contribuyentes tienen, la Administración tributaria emplea meses cuando no años en responder a sus consultas.

.- Que esa interpretación administrativa es tan voluble y cambiante que no se puede garantizar su estabilidad temporal.

.- Que la Administración conoce todas y cada una de las resoluciones de los tribunales administrativos pero los contribuyentes no.

.- Que en la relación con la Administración es aplicable eso de que “todo lo que Usted diga podrá utilizarse en su contra”.

.- Que, en ocasiones, se legisla a golpe de “notas” e, incluso, de “aclaraciones a notas” (sic).

.- Que el legislador impone ciertas obligaciones informáticas y las deja sin efecto apenas unas semanas antes de su efectiva exigibilidad.

.- Que la propia Administración no se siente vinculada por sus propios manuales/guías.

.- Que cuando el Tribunal Supremo califica como tóxica una determinada praxis administrativa, el Ejecutivo insta el cambio de la Ley para adecuarla a su actuación.

.- Que el legislador no se sonroja cuando aprueba una norma tributaria con efectos retroactivos (i.e.: cuando el partido ya va mediado…).

.- Que se gravan rentas ficticias.

.- Que se exigen anticipos de impuestos sin relación alguna con la cuantía final a pagar.

.- Que…

Dicho lo cual, y para que no se me malinterprete: hace apenas unas semanas logré llegar con bien a mi casa gracias -sin duda alguna- al buen hacer de los servicios públicos (aquí, singularmente, Guardia Civil de Tráfico y servicio de conservación de carreteras) que, ante una nevada histórica, lograron mantener como transitable un del todo infernal (más que invernal) puerto de montaña.

Y sí, yo también pago impuestos, también para eso; y me parece bien. Pero me parecería mucho mejor si, pagando eso mismo, no tuviéramos que soportar las patologías antes apuntadas (y otras muchas que, ya por salud cívica, les ahorro).

N.B.: Y, a fuer de ser sincero, hay que contarlo todo: hace apenas unos días, RENFE canceló (en contra de la opinión de ADIF; o sea: la mano derecha y la izquierda del Ministerio de Fomento, del todo descoordinadas) durante varias jornadas todos los trenes con origen/destino Vigo, sin establecer autobuses alternativos… ¡¡¡No!!!! Eso no es un servicio público: eso es dejar tirada -además, sin previo aviso- a la ciudadanía. Sin más. Infumable, inolvidable, imperdonable.

#ciudadaNOsúbdito

4 pensamientos en “Lo de Rosa…

  1. Javier Peribañez

    Cualquier que leyera esta entrada podría llegar a pensar que exajeras, incluso podría pensar que relatas una pesadilla de una noche de fría de invierno, o que exajeras o hablas de un país tercermundista y no democrático…. Aunque el que sepa algo del tema sabrá que efectivamente hablas de un país tecermundista y no democrático, aunque sea en esto, que hablas de España… alguien dijo alguna vez que me duele España y no sabes cuáto amigo mio, no sabes cuanto?

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    1. Javier Gómez Taboada Autor

      Muchas gracias, Javier; aunque sea triste ver que coincides con el diagnóstico. Una vez más, un escenario de libro de «el fin no justifica los medios»: ¿pagar impuestos? sí, claro. ¿Así? No, por favor.

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