Tributos, recaudadores, contribuciones, Derecho e imperio de la Ley, coerción consentida, etc. son cuestiones tan añejas como la propia Historia. En toda construcción colectiva humana (comunidades, imperios, instituciones civiles, civilizaciones, etc.) existe una constante irresuelta: la definición de la contribución justa y adecuada del hombre al bien común y su participación de derechos y obligaciones en la colectividad.
La incapacidad de conseguir una aceptación colectiva ya sabemos lo que ello ha supuesto: debates encendidos (Julio Cesar vs. Catón el Joven), conflictos civiles (burguesía contra nobleza en la Edad Media), revoluciones nacionales (independencia de América) o sociales (los Comuneros de Castilla) así como un largo sinfín de problemas, luchas, desgarros e injusticias que han hecho infeliz la existencia de las personas.
Seguramente esa infelicidad del hombre o esa constante tensión (hoy, afortunadamente, mucho más pacífica, si bien no menos polémica) se deban precisamente a la nube del egoísmo individual que ensombrecen el pensamiento y el corazón de los hombres: ello nos daña y nos dificulta consolidar la confianza y lealtad mutua entre los miembros de un mismo colectivo.
Ahora bien, hace ya casi dos mil doce años, el nacimiento de un bebé aportó una nueva visión, nos regaló un nuevo espíritu, nos enseñó una nueva forma de relacionarnos como hombres. Ese bebé vino a decirnos que los hombres podemos obtener la Paz y la Justicia, si nos dejamos guiar por el Amor. Ese Amor se concreta en “amar al prójimo como a ti mismo”, ayudar y colaborar con los demás, de forma desinteresada. La rebelión es en la conciencia, en la mente, no incita a actitudes levantiscas como una insumisión fiscal (“dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”). La clave es “dar para recibir”, desear “servir en lugar de ser servidos”. Ese bebé, una vez ya grande, abre las puertas a todos (“amigo de publicanos y pecadores”), como Zaqueo.
Las puertas se abren y todos gozaremos de la Paz y la Justicia si, como Zaqueo, somos capaces de «dar, Señor, la mitad de los bienes a los pobres; y si en algo defraudare a alguien, le devolveré cuatro veces más«. La Justicia se logra siendo justos.
En esta bitácora cuya andadura iniciamos hace ya nueve meses, el común interés por la aplicación de los tributos, las normas y nuestro desempeño profesional nos une, ahora bien, con independencia de nuestras creencias, nos une mucho más, cuando ponemos nuestras vidas a disposición de los demás para conseguir que reine esa ansiada Paz y Justicia.
Queridos amigos, los que iniciamos este cuaderno de notas con tanta ilusión (Esaú Alarcón y yo mismo), deseamos expresaros nuestro agradecimiento, reconoceros vuestra contribución (leyendo, comentando, preguntando, etc.) y desearos que el espíritu del Nacimiento llegue a vuestros hogares y lugares de trabajo. Y que, en el 2012, seamos capaces de acoger y ayudar a los hoy necesitados.
Feliz Navidad.


Igualmente.
Feliz Navidad!
Igualmente.
Feliz Navidad!
Bon Nadal!
Bon Nadal!